CONVERSEMOS

Bandera sin colores. Arcoíris de mentiras.

Se nos enseñó que las banderas eran sinónimo de sobranía y conquista de un territorio, pero este no ha sido el caso. Hemos sido testigos de una falsa conquista, una gran ilusión. Duele ver los falsos saludos a la bandera LGBTI cada 17 de mayo, día Mundial contra la Homofobia, Lesbofobia, Transfobia.

Es el día más triste del año si consideramos todas las pérdidas producto de la discriminación, la ignorancia o el odio sin lógica a la Diversidad.

El símbolo más sagrado de conquista de tu cuerpo, calles, almas, corazones o derechos, es profanado por algunas municipalidades que, durante los 364 días restantes del año, olvidan la inclusión real y permanente en cada espacio en su políticas públicas, sociales o laborales con el beneplácito o complicidad de algunas ONG Lgtbq+.

Desde nuestro rol de activistas por los Derechos Humanos de la diversidad sexual, género y disidencia sexual, buscamos educación sexual integral, cupo laboral trans, educación inclusiva, reconocimiento a las distintas formas de familias, caminar tranquilos por las calles de la comuna que nos tocó vivir, ir a clases o al consultorio sin miedo de enfrentarnos al maltrato o miradas despectivas de un encargado o funcionario municipal.

Izar la bandera en el frontis municipal, embajada o empresa es un acto vacío, un simple adorno si no existe una oficina de Diversidad LGBTIQ, empoderada, con equipos multidisciplinarios de trabajo en espacios protegidos, con presupuesto y políticas integrales de formación de los funcionarios municipales de todas las áreas en protocolos de atención, acompañamiento o apoyo a las Personas LGTBIQ+.

Los municipios, al ser gobiernos locales, deben velar por la diversidad dentro de su territorio. Sin embargo, existen algunos que dentro de su gestión y como un “acto de generosidad” o un “acto de preocupación por una poblacion totalmente olvidada y vulnerada” han creado oficinas de diversidad sexual, dependientes de otros departamentos con algunos programas, pero esto obedece más que nada al hecho de mostrarse como no discriminadores.

Siendo honesto, creo que las municipalidades que cuentan con una entidad pro-diversidad son las primeras en discriminar. Sólo se acuerdan de esta población una vez al año, quizás dos o tres, pero sus políticas, su trabajo dentro del territorio, son paupérrimos. Esta gestión y mandato existen más que nada después de la dictación de la ley 20.609, conocida Ley Zamudio.

¿Cuál es la verdadera labor de una oficina de diversidad? ¿Cuáles son sus protocolo? ¿A qué departamento municipal pertenecen?, tantas intrigas y ninguna respuesta clara. ¿Cuánto presupuesto se destina a estas oficina? ¿Qué apoyo real reciben desde los distintos equipos municipales?. Queremos ver un arcoiris desplegado en cada rincón municipal los 365 dias del año, con el triunfo de conquistar nuevos espacios para nosotres, donde se reflejen las nuevas oportunidades de desplegar nuestros colores confiados en ir borrando las heridas que sufrimos alguna ves por discriminación a nuestra Diversidad LGBTIQ.