Somos Diversidad

Somos Diversidad

Contractualismo sesgado

El contrato social es una corriente que postula que los seres humanos nos orientamos hacia la búsqueda del bien común, el cual se sustenta en la representación de la sociedad a través de una figura encargada de velar por intereses de resguardo y justicia. Claramente hay detractores de esto, pues existen institucionalidades con prácticas abusivas o tienden a la selección de su cargo por supuestas razones divinas.

Dicho esto, es importante distinguir este concepto de la palabra democracia, pues no todos persiguen el mismo fin participativo. Debido a esto, surgen diversos debates relacionados a la razón de esta necesidad. Algunos pensadores se inclinan por la virtud del ser humano y su entrega de voluntad a la idea de un sistema social que permita mitigar el egoísmo de la interrupción del estado del buen salvaje, o, por el contrario, otros plantean el pacto social como una necesidad a lo peligroso que puede resultar el ser humano contra su semejante de manera natural sin mediar un punto para delimitar la libertad por sobre otro, pero es justamente aquí donde quiero plantear el mi inquietud ¿realmente estamos resolviendo la búsqueda del bien común? cuando seres privilegiados de identidad masculina no atendieron la participación femenina por muchos años, pues simplemente fue obstruida y sesgada ante los roles de género. Definitivamente la idea de pacto social podría mutar con la percepción completa del ser y las diversidades.

En la construcción de dicha ficción, debemos considerar que su construcción teórica, relacionada a la filosofía política, fue en un contexto histórico, en tiempos anteriores al siglo XX (ejercicio de movimientos sociales feministas), donde el rol de la mujer y de las disidencias estuvieron subyugadas ante el androcentrismo. Ante aquello, Pateman (1995)1, postula que en ese momento el trasfondo de esa corriente moderna es un contrato sexual-social, en donde la libertad política era propia de las figuras masculinas cisgenero, pues en aquel momento las mujeres no formaban parte del trato como seres garantes de derechos, sino como objetos de derecho por parte de la figura masculina. Por esto es tan relevante rendir homenaje a todas las muejeres y diversidades sexogenéricas disruptivas, a quienes lucharon por cambiar esa concepción patriarcal, ese ímpetu por la búsqueda de la equidad, por derechos y dignidad, el respeto a la diversidad y el cuestionamiento de un sistema arbitrario.

Uno de los hitos del pacto social representativo, es cuando se incorpora el voto femenino en el ejercicio democrático de las urnas, pues desde ese momento formarían parte las decisiones políticas del país, algo que no fue nada sencillo de lograr. A nivel internacional hay diversos movimientos feministas que sufieron actos de represión, tortura y asesinato hacia las mujeres y disidencias. Respecto a Chile, existieron intentos a lo largo de la historia por lograr el posicionamiento de la mujer en la sociedad; sin embargo ante las resistencias de la sociedad por justificaciones que aluden a la religión o por clústeres de derecha o entidades conservadoras, fue hasta 1949 que se logró en Chile el voto femenino (Ley 9.292, durante la administración de Gabriel González), el cual se puso en ejercicio en las elecciones presidenciales de 1954, aun así, el desarrollo del derecho a voto fue progresivo hasta 1970 en donde se alcanza la paridad con los electores masculinos.

La participación electoral es un hecho importante; sin embargo, aún quedan otros aspectos que debemos cambiar, como por ejemplo, el posicionamiento de las mujeres dentro de altos cargos, equidad salarial, integridad en los procesos de maternidad, cultura de cuidado compartido, y muchos más. Si bien con el avanzar del tiempo han ocurrido cambios, aún tenemos pendientes reconocimientos y espacios que se ven mermados por una cultura machista que ha perpetuado injusticias con argumentos que ya no vienen al caso de la evolución intelectual del siglo XXI.

Es imperante visibilizar, e incentivar la importancia de una participación plena y paritaria; la representación real debe provenir de distintas personas, pues cada uno tiene diferentes interacciones sociales (contextos) que componen la dinámica de transformaciones del ser. Y sobre esto, la realidad debe ser representada como se debe, por personas que viven en la marginalidad de un sistema que solo beneficia a un sector privilegiado. Necesitamos la participación política de mujeres y disidencias, sin marginar por criterio socioeconómico, pues toda vivencia es un componente que merece ser levantado en oportunidades de discusión política para la creación de intervenciones que pueden contribuir a un mundo mejor, más sano, más equitativo, más real.

Erika Celsi, Coordinadora de proyectos en Fundación Chile Diverso

 

1 Pateman, C. (1995). El contrato sexual. México. Anthropos, 104.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.
Tienes que aprobar los términos para continuar