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¿Por qué se moría de SIDA?

En un comienzo, por desconocimiento sobre esta cruel enfermedad. Luego, porque no existía dinero para remedios. El resultado es que el Estado y los gobiernos de turno optaron por silenciar una realidad que siempre cargó con el estigma social y familiar: una peste, una enfermedad que afectaba a los pecadores que sólo vivían del sexo.

Hoy se muere de SIDA, pues, si ya es difícil ser gay, la discriminación y el maltrato social nos hacen esconder nuestra verdad y evitar compartir nuestras experiencias y vivencias con nuestros propios pares para no ser estigmatizados o apartados de la sociedad. Así es como vivimos.

Hoy se muere de SIDA, pues la enfermedad se lleva en silencio para no recibir odio de parte de la sociedad. Si le cuentas a tus padres, la mayoría dirá que “te lo buscaste por andar teniendo sexo”. Los menos te apoyarán. Y ni hablar del Estado: te ficharán en una hoja, se limitarán a entregarte remedios, pero no te darán apoyo emocional  o espiritual. Es ahí cuando se empieza a sentir la doble estigmatización de ser gay y tener VIH.

Claro, hoy hemos avanzado y el VIH-SIDA ya no es mortal. Sin embargo, hay tantas razones sociales para morir: si eres menor de edad, tendrás que acudir a FONASA o una Isapre con tus padres; te enjuiciará tu familia y los doctores e incluso, quizás hasta se pierda el apoyo emocional y económico. Si eres adulto, evitas que se sepa que eres VIH positivo para que no te incomoden. Sabes que es más difícil encontrar el amor, pues dentro de la misma población LGBTIQ+ se discrimina, pues al estar existe la posibilidad de trasmitir tu condena del VIH.

Recuerdo mi paso por la primera institución sobre prevención de VIH-Sida: “La Corpo”, Corporación Chilena de Prevención, porque muchas veces se decide vivir en soledad, en silencio con una enfermedad que sí tiene remedio.

Es importante contar con el apoyo social de agrupaciones como Acciongay y Vivo Positivo, que ayudan a vivir la vida con esta enfermedad. Por ahí en los 80, fueron precisamente ellos quienes tomaron esta bandera de lucha, cuando el VIH sólo se conocía como la “peste rosa” o “Cáncer Gay”.

Uno aprende a quererse, a confiar en otras personas, a vivir con un estilo diferente al que se tenía antes de saber de la enfermedad.

No estás solo. Estas organizaciones pueden ser tu propia familia. Por eso tenemos que expandir nuestro mensaje y decirles  a todos que no se dejen morir, que no tengan miedo, que existen soluciones y razones para vivir. El SIDA no mata. El silenciom, sí. La vida es bella cuando tienes amigos, personas que te conocen y te aceptan viviendo con VIH-SIDA.  Ésta es mi reflexión. Leí y observé muchas historias en el día mundial que recuerda a las personas fallecidas por el Sida. Para que nunca más nadie muera de una enfermedad que sí tiene solución: médica, social y emocional.